miércoles, 8 de septiembre de 2010

Pues triste y un poco avergonzado.

Así es como me siento cuando ocurren cosas como la que me ha pasado hoy. Cuando por ejemplo un compañero de trabajo te pide que reenvíes un correo a un departamento de tu empresa en España, porque allí no entienden el que él ha enviado antes, lógicamente, en inglés.

Cuando se envían comunicaciones similares a Alemania, a Francia, a Polonia, a China, a Argentina, a India... a cualquier otro país, nunca (y repito NUNCA) existe este problema. Es algo que sólo pasa con España y que demuestra que aún vivimos encerrados en nuestro mundo de puentes que encadenan múltiples días festivos y desayunos de mañana, media mañana y pre-comida.

Luego vienen los lloros porque la economía no funciona, porque no se crean puestos de trabajo y porque las empresas no despegan, pero es que todo eso es el resultado de lo que sembramos. Si un Belga habla inglés fluido desde que tiene 15 años y un español de notables en clase lo chapurrea cuando tiene 25, ¿qué esperamos? El hablar inglés o no hablarlo no es el principal problema, es sólo un síntoma de que nuestro sistema no funciona. No somos competitivos, nos quedamos atrás, y la televisión sigue atontándonos con las historias de Dinio y compañía.

No os voy a engañar, no es que yo hable inglés como si hubiera nacido en Yorkshire (mas bien hablo como si fuera Alonso, que con empezar a pronunciar la primera palabra ya se sabe de donde es), pero por suerte la vida me ha dado la oportunidad de trabajar en el extranjero y ver las
cosas con cierta perspectiva. Sé que cuando vuelva a España, mi inglés de pueblo ya será mejor que el del 90% de la gente de mi edad y que, como dice el refrán, en el país de los ciegos el tuerto es el rey. Porque eso es lo que somos, ciegos. Al menos hasta que la realidad nos abra los ojos...

Un saludo a todos.



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